Por Francisco Puch - aguilanoticias.com (12/10/2010)
Han pasado más de diez años desde que la gran, la inolvidable Olga Ramos se vio obligada a abandonar aquel local de la madrileña calle de la Palma 51 en el que ya en los últimos tiempos, era acompañada por su hija Olga María en su famoso espectáculo Las noches del cuplé que durante más de tres décadas estuvo ofreciendo en Madrid.
Hoy su hija desde que su amada madre desapareciera un 25 de agosto de 2005, festividad de San Luis Rey de Francia patrón de mi pueblo La Granja de San Ildefonso, de la faz de la tierra aunque no de la memoria de quiénes la admirábamos, ha ido recuperando año a año, día a día la memoria de su madre continuando su carrera artística con un nuevo espectáculo que va desgranando por diversos lugares y teatros de España.
Y en ese deambular repartiendo sonrisas y alegría y cosechando aplausos de escenario en escenario le llegó el pasado martes día 9 de febrero su debut en la capital de las Españas, en el Teatro Arenal de la madrileña calle Mayor número 6.
El aforo estaba vendido en su totalidad, allí había personalidades de la política, de la cultura de las artes, de la farándula, del periodismo, amigos todos de Olga María, admiradores de su arte y muchos de ellos fieles seguidores de la trayectoria artística de su querida madre Olga Ramos.
Olga María basó su espectáculo en el recuerdo a sus progenitores la gran Olga Ramos y su amante esposo el compositor D. Enrique Ramírez de Gamboa “El Cipri”, personaje por ella creado para el que fuera su compañero en la vida durante tantos años de matrimonio.
Olga María nos cantó una buena parte del repertorio de su madre entre canciones picarescas, sentimentales, alegres, cadenciosas, polkas, tangos, pasodobles, chotis, muchas de ellas arrumbadas de nostalgia que a más de uno le hicieron sacar el pañuelo para enjugarse la lágrima.
Olga María supo compaginar el tiempo del recuerdo a su madre con la actualidad del momento que nos está tocando vivir, salpicando su actuación con la pícara interpretación de algunas de sus canciones aderezadas con ingeniosos comentarios. No se limita a cantar, interpreta, actúa, dice la canción desde el sentimiento, luciendo en su brillante actuación una preciosa colección de mantones de Manila que sabe manejar y colocarse con magistral arte arrancando los aplausos del público.
El arte de Olga María como continuación del que nos dejó su madre, es algo consustancial con Madrid, con el Madrid de otros tiempos, el Madrid del chotis y el cuplé que amenazó con perderse con la ausencia de Olga Ramos y que su hija Olga María ha venido a resucitar para solaz de nativos y visitantes, reflejando un Madrid que de no ser por ella, se hubiera perdido si de una manera muy especial ella no lo hubiera sabido recuperar.
Sin ninguna duda, un atractivo más de la gran ciudad para tantos forasteros como vienen a la urbe y que sin ella se irían sin haber podido degustar el sabor del casticismo madrileño.
Ahora que algunas agencias de viajes están tratando de incluir en sus recorridos turísticos de la Villa la visita a los barrios más sórdidos y prosaicos de la ciudad, no estaría de más que incluyeran en su repertorio como nota destacada una visita al espectáculo de Olga María Ramos en el Teatro Arenal, al lado de la Puerta del Sol en el corazón de Madrid que, tal vez, podría llegar a representar lo que el Lydo o el Moulin Rouge son en París.







