La Razón - Ángel del Río
31 de enero de 2010

La garra de la especulación dio un mal día un zarpazo de muerte al cuplé, y la desafección de las instituciones madrileñas por conservar sus tradiciones, le puso la lápida en el cementerio de los recuerdos, sin siquiera un epitafio.
Así, acabaron con «Las Noches del Cuplé», la pequeña meca de la esencia de Madrid sostenido por las Ramos, Olga y su hija Olga María. Nadie de quienes podían haber hecho algo movieron un dedo para que el cuplé no se muriera. Sólo las Olgas mantuvieron, contra viento y marea del falso progresismo, ese cuplé, maridado con el chotis, para que Madrid no perdiera uno de sus vestigios de cultura popular. Después murió Olga, pero el cuplé continuó vivo en su hija Olga María, que ha mantenido con entereza chulapona un género que sigue teniendo sus incondicionales… pero que no tiene local.
Ahora se abre un claro en el firmamento de la esperanza. El Teatro Arenal podría programar de forma continuada un espectáculo de cuplé bajo la batuta de Olga María Ramos. Es éste un teatro cerca de los recuerdos del cuplé, de la estatua de la Mariblanca, próximo a dónde estuvo el Café Universal, en el que triunfaron Olga Ramos y su marido, el Cipri, en aquellas veladas llenas de buena música. El cuplé y las Ramos forman parte de la historia popular de Madrid, de ese retazo de ciudad que se resiste a ser arrastrada por vientos huracanados de falsa modernidad. Mientras el cuplé viva, la esencia de nuestra raíces madrileñas estará viva.
Fuente: http://www.larazon.es/noticia/2002-placeholder4







